Saltar al contenido
Marcelo Navarrete

Quién controla la infraestructura de la IA y por qué debería importarle a Chile

  • Inteligencia Artificial
  • Infraestructura Digital
  • Chile
  • PYMEs
Portada del artículo: Quién controla la infraestructura de la IA y por qué debería importarle a Chile

Actualizado al 13 de agosto de 2026.

Durante mucho tiempo hablamos de inteligencia artificial como si viviera en una nube abstracta. Escribimos una pregunta, esperamos algunos segundos y aparece una respuesta. La experiencia parece liviana, casi inmaterial. Pero detrás de esa pantalla hay terrenos, centros de datos, redes eléctricas, sistemas de refrigeración, cables submarinos, chips difíciles de fabricar y contratos entre algunas de las empresas más poderosas del mundo.

Por eso la discusión importante ya no consiste en adivinar cuándo llegará una inteligencia artificial general capaz de hacerlo todo. La pregunta más concreta es quién puede construir y controlar la infraestructura necesaria para desarrollar y operar los sistemas actuales, y qué ocurre con países como Chile cuando una parte creciente de su economía depende de servicios que se deciden fuera de sus fronteras.

No se trata de imaginar una conspiración ni de rechazar la tecnología. Se trata de mirar dónde está realmente el poder.

1. La inteligencia artificial también es una industria pesada

Un modelo de inteligencia artificial necesita enormes cantidades de capacidad de cómputo para ser entrenado y luego atender las solicitudes de sus usuarios. Esa capacidad no aparece por arte de magia. Requiere chips especializados, energía disponible de manera continua, conectividad, agua o sistemas alternativos de refrigeración, personal técnico y miles de millones de dólares de inversión.

En enero de 2025, OpenAI y SoftBank anunciaron Stargate junto con Oracle y otros socios tecnológicos. El anuncio declaró la intención de invertir hasta US$500.000 millones durante cuatro años en infraestructura de inteligencia artificial en Estados Unidos. En abril de 2026, OpenAI afirmó que ya había superado su meta de asegurar 10 gigavatios de capacidad para 2029.

Conviene leer esas cifras con cuidado. Son compromisos, capacidad asegurada o proyectos comunicados por la propia empresa. No significan necesariamente que todo el dinero ya fue gastado ni que toda esa infraestructura se encuentre terminada y operativa. Aun así, la escala permite entender algo esencial: la competencia por la inteligencia artificial es también una competencia por energía, suelo, chips, financiamiento y capacidad industrial.

2. No era un acuerdo secreto y tampoco existe un único dueño

La relación entre OpenAI y Microsoft fue presentada durante años como si una empresa dependiera completamente de la otra. La realidad ha sido más cambiante.

En abril de 2026 ambas compañías anunciaron una nueva modificación de su acuerdo. Microsoft continúa como principal socio de nube de OpenAI y mantiene una licencia sobre sus modelos y productos hasta 2032, pero esa licencia ya no es exclusiva. OpenAI, a su vez, puede ofrecer sus productos mediante otros proveedores de nube.

Esto importa porque corrige dos ideas frecuentes. La primera es que una sola negociación definirá para siempre quién controla la inteligencia artificial. La segunda es que la expansión de OpenAI depende únicamente de Microsoft. Hoy participan también empresas como Oracle, SoftBank, NVIDIA y otros proveedores de infraestructura y financiamiento.

Sin embargo, pasar de un actor dominante a un grupo reducido de grandes actores no elimina la concentración. Construir modelos avanzados sigue estando al alcance de muy pocas organizaciones. Las alianzas pueden cambiar, pero la distancia entre quienes poseen la infraestructura y quienes simplemente arriendan acceso a ella continúa siendo enorme.

3. El poder está en poder cambiar las condiciones

Para una persona, cambiar de herramienta puede ser molesto. Para una empresa que integró una IA en ventas, atención de clientes, análisis de documentos o decisiones internas, puede ser un problema operacional serio.

El proveedor puede modificar el precio, retirar un modelo, cambiar sus límites de uso, alterar la forma en que procesa la información o dejar de ofrecer una función. También puede sufrir una interrupción. Cuando todo el proceso depende de una única plataforma, una decisión tomada a miles de kilómetros puede detener parte del negocio en Chile.

Eso es dependencia tecnológica. No significa que una PYME deba construir su propio centro de datos ni entrenar un modelo. Significa que debe conocer qué parte de su operación entregó a un tercero, cuánto costaría reemplazarlo y qué haría si mañana el servicio cambia.

La comodidad de una herramienta no debe confundirse con control sobre ella.

4. Chile no está fuera de este mapa

Chile posee ventajas reales para participar en la economía digital. El Plan Nacional de Data Centers del Ministerio de Ciencia informa 62.000 kilómetros de fibra óptica y conexión a una red de 69.000 kilómetros de cables submarinos. También señala que la capacidad de centros de datos pasó de 35 megavatios en 2013 a 198 megavatios en 2023 y proyecta que podría triplicarse en cinco años.

El país busca atraer inversión y consolidarse como un centro regional de infraestructura digital. Esa estrategia puede generar empleo, conectividad y nuevas capacidades. También obliga a discutir consumo energético, impacto territorial, uso de agua, formación de especialistas y distribución de los beneficios. Instalar más servidores no produce desarrollo por sí solo.

Tampoco debe confundirse infraestructura ubicada en Chile con soberanía tecnológica. Un centro de datos puede estar físicamente en el país y seguir operando con tecnología, software y decisiones comerciales controladas desde el extranjero. Del mismo modo, contratar un servicio que funciona desde Chile no garantiza por sí solo que todos los datos permanezcan aquí o que la empresa usuaria pueda migrarlos fácilmente.

La ubicación importa, pero los contratos, la arquitectura y el control efectivo importan tanto como la dirección del edificio.

5. Lo que una PYME debería preguntar antes de depender de una IA

Una pequeña empresa no necesita un departamento especializado para comenzar a ordenar este problema. Necesita hacer preguntas sencillas antes de conectar una herramienta con información de clientes, contratos, ventas o procesos internos.

La primera pregunta es qué problema resuelve. Si la herramienta solo produce una demostración llamativa, pero no ahorra tiempo, reduce errores o mejora un servicio, probablemente no justifica agregar un nuevo costo y una nueva dependencia.

La segunda es qué información recibe. No es lo mismo pedir ayuda para redactar una publicación genérica que enviar fichas de clientes, antecedentes médicos, información financiera o documentos confidenciales. Antes de usar el sistema hay que conocer qué se comparte, dónde se procesa, cuánto tiempo se conserva y si el proveedor utiliza ese contenido para otros fines.

La tercera es cómo se sale. Una empresa debería saber si puede descargar sus datos, conservar sus instrucciones de trabajo, cambiar de proveedor y mantener una alternativa manual cuando el proceso es importante. Un buen servicio no solo facilita la entrada; también permite una salida razonable.

La cuarta es cuánto puede costar realmente. Algunas herramientas cobran por usuario, otras por consumo y otras combinan planes, almacenamiento y funciones adicionales. Probar con un volumen pequeño, fijar límites y revisar el gasto permite descubrir el costo antes de que el sistema se vuelva indispensable.

La quinta es quién responde. Aunque el procesamiento lo realice una plataforma externa, la PYME sigue teniendo responsabilidades frente a sus clientes, trabajadores y proveedores. Delegar una tarea no equivale a delegar todas sus consecuencias.

6. La IAG continúa siendo una promesa, no una fecha del calendario

Las empresas utilizan expresiones como inteligencia artificial general o IAG para describir sistemas futuros con capacidades mucho más amplias que las actuales. No existe, sin embargo, una definición única que permita anunciar de manera objetiva que ese momento llegó. Las propias compañías emplean definiciones técnicas, comerciales o contractuales diferentes.

Por eso no tiene sentido organizar la estrategia de una PYME chilena alrededor de una fecha imaginaria para la superinteligencia. Los riesgos presentes son bastante más concretos: datos enviados sin control, gastos que nadie supervisa, decisiones automatizadas que nadie revisa, procesos que dejan de funcionar cuando cambia un proveedor y trabajadores que reciben una herramienta sin reglas claras.

La infraestructura que se está construyendo es real. Las capacidades futuras y sus plazos siguen siendo proyecciones. Confundir ambas cosas solo favorece el ruido.

7. El desafío no es tener la IA más poderosa

La estrategia pública de digitalización de MIPYMES ya incorpora preguntas sobre uso de inteligencia artificial, privacidad, ciberseguridad, gestión de datos y existencia de reglas internas. Esa combinación es correcta. Adoptar tecnología sin saber cómo se protege la información o quién decide sobre ella no es transformación digital; es trasladar el desorden a una plataforma nueva.

Para Chile, el desafío consiste en desarrollar infraestructura y capacidades propias sin convertir la inversión extranjera en un fin en sí mismo. Para una PYME, consiste en aprovechar herramientas globales sin entregarles el control completo de su operación.

No todas las empresas necesitan usar varios proveedores ni diseñar sistemas complejos. Sí necesitan evitar que una sola cuenta, una sola persona o una sola plataforma se transforme en un punto del que dependa todo el negocio.

8. La inteligencia del futuro también se negocia en el presente

Quien controla la infraestructura puede definir precios, condiciones de acceso, prioridades y ritmos de innovación. Pero las organizaciones usuarias todavía conservan una capacidad importante: decidir qué procesos entregan, qué datos comparten, qué condiciones aceptan y qué alternativas mantienen disponibles.

La discusión sobre inteligencia artificial no debería quedar encerrada entre promesas de abundancia y advertencias sobre el fin del mundo. Entre ambos extremos existe un trabajo menos espectacular, pero mucho más útil: revisar contratos, entender dependencias, proteger información, medir resultados y conservar capacidad de decisión.

Chile no necesita observar esta transformación desde la galería. Puede desarrollar infraestructura, formar talento y establecer reglas que protejan a las personas y permitan innovar. Y sus PYMEs no necesitan esperar una definición perfecta de la IAG para actuar. Pueden comenzar hoy con una pregunta bastante humana: si esta herramienta cambia mañana, ¿mi negocio todavía puede funcionar?

Fuentes y alcance de este artículo

El anuncio inicial, los montos comprometidos y la estructura de Stargate pueden consultarse en la presentación oficial del proyecto publicada por OpenAI. La actualización sobre capacidad asegurada corresponde a la información publicada por OpenAI el 29 de abril de 2026. Estas cifras provienen de la propia empresa y deben entenderse como anuncios corporativos, no como una auditoría independiente de inversión ejecutada.

Los términos generales de la relación vigente entre OpenAI y Microsoft fueron publicados por OpenAI y Microsoft el 27 de abril de 2026.

Los antecedentes sobre capacidad, conectividad y objetivos nacionales provienen del Plan Nacional de Data Centers del Ministerio de Ciencia. El enfoque dirigido a empresas de menor tamaño puede revisarse en la Estrategia de Digitalización de MIPYMES publicada por el Ministerio de Economía.

Este artículo distingue hechos publicados, declaraciones empresariales y análisis del autor. Su propósito es ofrecer una mirada general y práctica; no reemplaza una evaluación contractual, técnica o jurídica de un proveedor o proyecto específico.

Volver a la Bitácora

Data Prospectiva SpA

Puerto Varas, Chile